“Hijo, leamos tabús”

“Hijo, leamos tabús”

Con los niños y adolescentes encerrados en esta pandemia, las familias se han vuelto muy creativas en realizar actividades para mantenerlos ocupados. Las redes sociales están inundadas de fotos de cosechas novatas, platillos innovadores, recomendaciones de series, arte experimental, galletas decoradas, montañismo, en fin, una infinidad de hobbies nuevos. Pero solamente en muy pocas ocasiones la gente promueve la lectura. Si analizamos un poco, este es el momento perfecto para comenzar o enriquecer ese buen hábito, sobre todo en los niños y jóvenes. Por primera vez, tenemos El Tiempo, y la actividad solamente requiere de un buen libro y de un cómodo rincón en la casa con iluminación adecuada.

Sabemos que los beneficios de la lectura son numerosos: incrementa nuestro vocabulario, mejora la ortografía y la gramática, relaja la mente, nos mantiene en un estado de aquí y ahora, fomenta la creatividad y muchas cosas más. De lo que poco se ha hablado, es de la utilidad que tiene a nivel terapéutico o de su efectividad para fomentar la comunicación con los más pequeños, especialmente sobre temas complicados.

Durante mi maestría en Literatura y Creación Literaria tuve una gran maestra, Chirstel Guczka. Ella es una fiel creyente del uso de la lectura para hablar de temas difíciles o tabú. Muchos de sus libros para niños y adolescentes están escritos para cumplir esa función. Durante su clase de Literatura Infantil, me contó de una dinámica que realizaba en colegios para detectar maltrato. La rutina consistía en repartir en el salón partes del personaje principal de un cuento: una pierna, un brazo, la cabeza… Después, leían el texto llamado “Juul” y hablaban con los alumnos del insulto y el maltrato que la gente puede recibir en diferentes entornos. Por último, recogían las partes del personaje y lo juntaban, y así reconstruían la integridad perdida. A pesar de que la actividad parece simbólica, ayudaba a los pequeños a identificar abuso físico en ellos mismos.

El tema de la sexualidad definitivamente es el primero que me viene a la mente al tratar de explicar el beneficio de la lectura para fomentar la comunicación entre padres e hijos, seguramente porque de pequeña mi mamá me leyó un libro de sexualidad para explicarme del tema y yo repetí la dinámica con mi primer hijo, pero no es el único. Temas como la muerte, la adopción, el divorcio, enfermedades terminales, cáncer, bullying y depresión, son abordados por un sin número de libros de jóvenes y niños, incluso, ya podemos encontrar textos que hablan del Coronavirus. La pandemia por la que estamos pasando desgraciadamente ha convertido esos temas en realidades y eso los hace prioridad. Al entregarle a nuestr@ hij@ un libro que habla explícitamente de alguno de nuestros miedos, le estamos enseñando que es correcto hablar de eso y que nuestro hogar y nosotros, sus padres, ofrecemos un lugar seguro para la comunicación con respuestas fidedignas. Hablar de nuestros miedos, nos ayuda a superarlos. Además, contrario a lo que se pudiera pensar, muchos de estos libros, aunque tienen la función de informar, son historias de ficción, incluso algunas tienen tono cómico, por lo que pueden ayudar a construir un ambiente relajado para la actividad.

Recomendaciones para incorporar la lectura terapéutica en nuestras actividades:

-Ubicar bien el tema que se quiere tratar con nuestros hijos.

-De preferencia, acudir a una librería que cuente con vendedores conocedores y con sección de niños y jóvenes, como las librerías del Fondo de Cultura Económica, sucursales grandes de Ghandi o La Ventana, y librerías religiosas. Si se prefiere comprar por internet, muchas librerías ya cuentan con su tienda en línea y por supuesto, Amazon tiene una gran variedad de publicaciones. En este caso es importante leer las críticas y los comentarios.

-Leer el libro antes de entregárselo a nuestros hijos o de leerlo con ellos. De esta manera podemos prepararnos para preguntas incómodas o inesperadas que pudieran surgir.

-Intentar responder todas las preguntas que nos hagan, aunque parezcan complicadas o “adelantadas” a su edad. Es importante comprender que si nosotros no contestamos sus incógnitas, van a encontrar respuestas en otro lado, con amigos o en internet, y seguramente la información que descubran no va a ser la más adecuada.

Recordemos que una de las principales funciones de leer con nuestros hijos, o en el caso de los adolescentes, de darles un libro que hable abiertamente de sus preocupaciones, es precisamente abrir el canal de comunicación y ayudarnos a mejorar la relación padre e hijo. El encierro causado por la pandemia está ofreciendo una gran oportunidad para convertirnos en los principales facilitadores de información en nuestro hogar. ¡A leer!

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Nació en el Distrito Federal y creció en Cuernavaca. A los 19 años se mudó a Monterrey a estudiar la carrera de Administración Financiera (ITESM 03). Trabajó en Afirme y Banamex, Banca Empresarial, en las áreas de Crédito y Cash Management. En el 2008 se mudó a Miami y fundó la revista DogsAreOk, en donde tuvo la oportunidad de administrar, escribir artículos, realizar entrevistas y eventos. La experiencia de manejar una revista la motivó a estudiar la Maestría en Literatura y Creación Literaria en Casa de la Cultura Lamm. Ha hecho trabajos freelance de escritora. Se considera una persona versátil, práctica y optimista. Le gusta jugar tenis y soccer, nadar, conocer mundos nuevos, sobre todo, las buenas conversaciones con amigos, acompañada de una copa de tinto.

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