La Mujer Lumbrera

La Mujer Lumbrera

“No soy libre mientras existan mujeres sometidas, incluso cuando sus cadenas sean muy diferentes a las mías.“ 

Audre Lorde

Las heroínas existen: son las mujeres que cuidan. Ella era así: pura lumbre. Por donde rodaba con Carolina, su bicicleta rocinante, iluminaba, nos iluminaba a todas. Karina Zuviri es una de las grandes, de las que pusieron el cuerpo para cuidar de las otras, ella no temía a los molinos de viento. Recordar a Kari, es comenzar un incendio.

Su compromiso con los ideales para una vida digna, florece en nuestra memoria, en todas sembró la utopía, tanto a las feministas como en sus compañeras enfermeras. Mujeres como ella hacen crecer el fuego que transforma la materia con la que se construye la Historia. Para que mañana, niñas y mujeres lleguen a una sociedad donde el acceso a la justicia reproductiva, sanitaria, educativa y laboral, sea más que un sueño.

Ojalá no nos violaran, no nos golpearan, no nos acosaran, no nos desaparecieran, no nos mataran, no nos subestimaran solo por ser mujeres ¿qué tiene nuestro sexo que les genera tanto encono?

Ojalá se valore pronto el trabajo doméstico y el trabajo tan arduo que implica el cuidado de la vida, pero mientras tanto, tendremos que seguir luchando en todas las trincheras, la cocina, la sala de partos,el aula,  la calle, el campo, etc. 

Una mirada a la memoria histórica (la otra historia, la de las heroínas, la estamos reivindicando todas juntas) nos recuerda cómo nuestras ancestras ganaron libertades aun cuando les costó la vida defender nuestros derechos para que hoy nuestro sufrimiento sea menor, pero no ha terminado. La guerra contra nuestros cuerpos tiene siglos.

Hoy nos toca luchar, con todo el amor y toda la furia, porque las condiciones de desigualdad no dan espacio para ser indiferentes. 

El camino: la organización colectiva, el empeño por entender las estructuras que nos oprimen y la entrega para compartir el conocimiento. 

“Quién no se mueve, no siente las cadenas” declaró Rosa Luxemburgo y es cierto, una vez que te atreves a cuestionar el status quo, se inicia un camino sin retorno: el de la empatía. Ser capaces de sentir el sufrimiento y el dolor de la otra como si fuera propio es un acto sublime que nos humaniza.  Salir de una misma cambia para siempre el concepto de justicia, y comienzas a rebelarte a todos los mecanismos de opresión que identificas tanto en lo estructural como en lo cotidiano, la conciencia despierta. 

La Tortuga amaba la vida con todo su Ser, y defendía lo justo, lo bello, lo bueno. Siempre dudaba, era preguntona y risueña, incluso dudaba de sí misma y volvía a replantearse sus objetivos, pero una vez que encontraba una Verdad, la volvía una práctica. Defectos tenía como todas, pues somos hijas de un sistema capitalista y patriarcal que nos educa para replicar prácticas, reprimiendo incluso el pensamiento crítico. Sólo los espíritus valientes e incendiarios como el de ella, se rebelan a las doctrinas y las imposiciones con la humildad necesaria para decir “creo que me he equivocado”.  Una mujer ejemplar. 

Ya sé que el hubiera no tiene sentido, lo que no le dije en vida, quiero que otras lo recuerden para honrar su memoria.

Tortuguita:

Qué fortuna la mía por llevar en mi memoria tu recuerdo; porque bailamos juntas llenas de brillantina, porque soñamos juntas con otro mundo posible, porque celebramos el poder abrazarnos y reír todas en el barecito al que solíamos ir después de las asambleas, porque los miércoles de cada mes, llegabas con tu gran sonrisa, ponías tu cabeza en mi hombro a veces con todo y el casco de ninja. Debo confesar que últimamente abrazo a Charlotte y me dan muchas ganas de llorarte, recuerdo cuando la escuchaste maullar (bien recio) te empolvaste toda para sacarla de la camioneta donde estaba atrapada y hasta querías adoptarla. Kari, tan revolucionaria, me inspiraste para pasar de la teoría a la práctica como nunca nadie lo ha hecho; el día que me acompañaste por mi bicicleta, me regalaste otra forma de vivir en libertad. Me siento agradecida con la vida porque te conocí. 

Kari la valiente, Kari la cuidadora, Kari la amiga, Kari la compañera, Kari la que amaba celebrar la alegría de la vida con ternura radical y cumbia. Kari se queda. Kari nos sembró sueños que nos van creciendo cada día.  Las ciudades no están todavía a la altura de nuestras ideas.

Después de la quema en las cosechas, la ceniza nutre el suelo y tu ausencia nos quema. Vamos a quemarlo todo por ti y por todas las que nos faltan; la hoguera que nos nace al recordarte, hará del dolor tierra fértil para las que vienen. Y en cada una de ellas, volverás a florecer.

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