Elogio a la cerveza

Elogio a la cerveza

La cerveza es punto de partida para grandes y pequeñas formas de amar los placeres de la vida. 

Es centro de fuga para comenzar las conversaciones más profundas y las charlas amenas que rompen el hielo para comenzar nuevas complicidades, cáliz de las noches en vela, néctar para derramar en el techo de las casas acompañada de personas queridas, hasta el amanecer; muchas veces, la levadura es el principio de inolvidables anécdotas para contar a las sobrinas. 

Civilizaciones organizadas para cosechar cebada y trigo, han heredado hasta nuestros días tecnología de refrigeración, creada expresamente para conservar y mejorar el sabor de los efervescentes tragos de cheve. 

La cerveza artesanal llegó a mi vida no solo para quedarse sino también para sembrar en mí el deseo de nuevos aprendizajes: voy a cultivar y crear la propia cerveza, y compartir el sueño de mentes con inventiva quijotesca y amor al arte cervecero.

Cuando probé el primer tarro de cerveza artesanal tuve esa visión, así como La famosa madalena de Proust; era una cerveza oscura con notas de cacao tostado, jengibre y clavo. Me estremeció y me regresó en el tiempo a la cocina de mis abuelas en invierno, el olor a sus infusiones y el champurrado con chocolate.

El arte de elaborar una cerveza es en sí mismo una forma de amar la dicha del buen vivir, la intención con el que son creadas es el puro gozo, el objetivo de las maestras cerveceras es consentir el paladar y al parecer,  crear dosis medicinales para que una quiera seguir viva después de largas horas de trabajo oficinil.

La infinidad de variaciones te transporta a lugares recónditos de la memoria. Debe ser fascinante elegir ingredientes, entre canela y anís, canela o albahaca, pasear el olfato entre cítricos y flores, esperar el resultado, la prueba y el error, ser una especie de diosa creadora.

Ser maestra cervecera es también aprender el sofisticado arte de regresarle al mundo las ganas de amarlo, tan solo por un trago y una pincelada de espumita en el bigote, en ese trago se resumen siglos de cooperación entre el campo, el laboratorio creativo y la ofrenda a la vida: el tiempo compartido entre seres humanos.

Recuerdo muchos momentos hyggelig con una cervecita en la mano, cuando vivía en la montaña pasaba tardes en calma viendo por el balcón el paso de las nubes que parecían panzas de blanco dragón caminando entre los cerros, pasaba horas así entre charlas y lluvia cayendo en el jazmín gigante en el viejo patio, mientras entre amigas de la universidad leíamos algunos poemas de irremediables beats como ruth weiss, Janine Pommy Vega o Elise Cowen, con un trago en honor a  cada una de ellas.

Cada cerveza es un viaje distinto y una muestra de diversas personalidades artesanas y trabajadoras, es hermoso como la cheve me hace pensar en campos de trigo con tierra negra, negra, negra recién llovidos. Bendita sea entre todos los manjares la noble cerveza artesana y sus creadoras/es, poción que hace imaginar las manos del campesino en la siega de cebada bajo la luna de plata y a la campesina frente al fogón en el momento de trillar. Que cada sorbo, sea un agradecimiento a las manos que trabajan la tierra y a quienes hacen magia con espuma.

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